Esperanzas
Jesús Martínez García - Zaragoza 2005

Índice


Entre los dedos tiembla
el cálamo de gozo y de dolor;
una emoción transita por sus venas
el arte del autor.

Así tiembla el poeta, cuando escribe
por el sexto sentido del amor,
en la piel de las hojas y del agua
como si fuera un dedo creador.


I. La palabra en el agua
Creo
El agua vulnerada
La voz de la fuente
La fe del agua
Ofrenda matutina
Navegando
Pensamientos del agua
Parábola del agua que se fue

II. Territorio del silencio
Preguntas
Cautivo
Confidencias
Transparente
Contemplaciones

III. El tiempo hallado
El tiempo del olvido
Dime tu palabra
Kairós
La última palabra
Si vivir es esperar
Presencia
Oración última (o primera)
Huellas
Tenía que decirte








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Creo

Me dicen que no existes, Dios silente,
las guerras, las espinas, el estío,
que eres espejismo, desvarío
causado por la herida de mi mente.

Si no existes, ¿por qué tan de repente
acudes a mis noches y te ansío?
¿por qué noto tu huella en el rocío
al despertar el día, aún reciente?

Se mueve el agua y ríe por la fuente,
y tu música en el corazón mío.
Se cambia el mundo, árido y vacío,
en cauce de silencio confidente.

Igual que escucha al mar toda corriente,
así, en tu llamada, me confío.
¡Gozosamente en lágrimas soy río!
Río que canta a Dios, porque lo siente.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

El agua vulnerada

La palabra que al río se asoma
no queda escrita,
se mueve, se va,
se difumina.

Mas tu palabra creante quedó
azul
en mi agua,
viva.

Fue...
¿cómo diría?
un deseo, un ansia
que dejaste al beber,
sumergida.
Íntima sed de tu rostro,
de tus labios, herida
en el alma invisible
de todos mis días.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

La voz de la fuente

Yo no puedo entender al Dios ausente
como un hueco en la sien del universo,
seco y negro agujero en el reverso
de la mente imposible, invidente.

Qué bien sé de tu voz, inteligente
palabra al corazón, alma de un verso
que en agua del amor, en Ti inmerso,
se alcanza a escuchar, porque eres fuente.

Triste va la corriente que fenece,
insípida semblanza, ¿qué le falta?
Es rumor que se apaga en lejanía.

Tu palabra me toca y me estremece
sentir que permanentemente salta
mi nombre en tu boca de alegría.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

La fe del agua

Dame, Señor, la fe,
la fe del agua.
La que ora y te busca
en nubes de plata.
La misionera del júbilo
cada mañana.
La que remueve fronteras
como si nada.
La que asciende a los montes.
La que horada
los miedos
y las distancias.
La que aguanta la fe de Pedro
al pisarla.
La fe cananea del agua
que llega a ser vino
en tu palabra.
La que a vida eterna sabe
en el salto -¡ay!-
de tu mirada.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Ofrenda matutina

Bendíceme, Señor, hoy,
tu poder, tu pensamiento
transiten este momento
de tus manos en que estoy.
Temblando de gracia soy
lluvia que salta en un sí,
que para dar yo nací.
Hágase, verde, el milagro:
la vida doy en el agro,
pero las gracias a Ti.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Navegando

De la entraña,
de lo más profundo
de las nubes que trae la providencia.
De más allá aún, de un pensamiento
derramado en tierra,
vine.

Y me encontré, como el agua,
transparente
sobre la arena niña,
viajero en tu mirada
por las orillas del tiempo.

Y me encontré, al jugar,
remolinos de prisas, entre cortantes
piedras que me hacían tropezar
conmigo mismo. Solo,
insignificante.

Caminando sobre el barro,
levantando sombra, ciega
la imagen reflejada de los cielos.
A tientas, alma fría,
cadáver de agua viva,
incolora, inodora, insípida
nada.

Y tras la lluvia de mis lágrimas
encontré tu memoria
de alegrar
lúgubres silencios de los bosques,
labios anuales en los surcos.
Y que podía curar
la lenta quemadura de la roca,
las ansias de árboles y hombres,
la sed tuya, Dios mío, al final.

La vida sabe a fango cuando ignora
su origen y se estanca en la locura.
Eres Tú el que limpia y enamora,
quien mueve y levanta con su ola
el alma sosegada en oración.
¡Oh Dios, alma de Dios,
presencia ahora!

Hoy navego los años sin defensas
igual que el agua mansa va hacia el mar
por una gravedad que llevo dentro,
voy bajando
en tu amor irreversible.

Diseñas en mi alma
caminos sinuosos como venas,
azules acequias de cariño
que recorres. Y mi canto
rumoroso de saltos, de juegos y de brillos,
de colores caídos de los árboles,
no cesa de fluir, enamorado
porque lo llevas Contigo.

No se pierde ni una nota.
Tú no olvidas
ni siquiera un vaso de agua, ni una gota
evaporada de rocío,
ni una lágrima.
Bajo el túnel profundo de la noche,
sentado en el cansancio y en las piedras,
inundas mi silencio de alegría.

Yo sé que volveré justo al inicio,
donde el agua
no era más que agua
y tu Espíritu, Señor, aleteaba
en el alma de Adán cuando era niño.
Sí, volveré a ser puro,
sin aristas y sin miedos, como el agua
bautizada en la cascada de los ángeles,
empapado en tu cántico de amor.

Hoy navego, solamente
me reparto
santificando la tierra,
como el agua siempre
la transfigura con su beso mineral.

Hasta que vuelva a Ti
tu pensamiento,
sin lecho, ni sombra, ni dónde;
vapor enamorado.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Pensamientos del agua

Para mi sed profunda,
doliente, samaritana,
he encontrado el mar
que me ha bebido.

Dicen que debo ser
ochenta por ciento de agua,
esponja de Dios.
Dicen que totalmente
cuando sea tu espuma.

Siempre el agua, idéntica
entrega, sin esperar nada.
Inadvertida, humilde
hasta que falta.

En pie, en surtidor
te aplaude, Dios.
"Sí" sostenido,
esfuerzo musical
ante el silencio religioso
de los cipreses.

De madera y estrecha
es la puerta de la cruz,
que se abre,
cuando pasa tu luz;
tu carne, puente colgante,
Jesús.

Con el aire vine,
con él me iré,
del aire vivo
que Tú me des.








Libro: Esperanzas
I. La palabra en el agua

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Parábola del agua que se fue

No tiene prisa el grifo
que va formando el peso de la gota,
gestando
nota
que el agua quiere irse
del beso de su boca.
Se lo permite
y el agua loca
ni se vuelve a mirar
a quien llora su derrota.

Oh Fuente permanente
de las humanas horas
de Ti vamos saliendo
en cada aurora.
¿A dónde van las aguas?
¿en qué se ahogan?
¿en qué estarán pensando,
en dónde ahora?
Oh manantial de espera
que paternal asoma.
Recorrerá los ríos,
se subirá a las olas
y volverá en oscuras
nubes cuando imploran
a Dios. Que sí,
que las aguas también lloran,
y siente invernal
su alma sola.

¿Le dejarás filtrar en tu mirada
agradecida loa?
Y en tus termales senos
quedarse toda.








Libro: Esperanzas
II. Territorio del silencio

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Preguntas

A la mente adormece
el ruido que no cesa,
mas si el silencio irrumpe
de pronto se despierta.

En un rumor de olas
el día no le deja
oír lo que las aguas,
las profundas, las quietas,
susurran en el fondo
aquello que nos queda.
Tras el cantil, ya sordo,
cuando la noche llegan:
son olas de silencio
que el corazón elevan.

Dios del silencio eres
una pregunta hecha
desde los manantiales,
inundas existencia
y no podrá dormir
hasta que te resuelva.

Se vuelve insoportable
su vida en tu presencia,
y gritos rasgan albas,
quietudes, sugerencias;
son miedos de que a solas
pronuncies trascendencia,
y en prisas del presente
se huye por la grieta.

Oh, nadador de fondo,
infinita paciencia
retornas a otra hora
de calma en que te adensas.
La voz de tu silencio
no duerme, desentierra
cimientos y preguntas
constantes, hondas, lentas.








Libro: Esperanzas
II. Territorio del silencio

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Cautivo

Si en cada criatura te percibo,
¿por qué en la Eucaristía, donde Vivo,
te ocultas en opaca indiferencia?

Mi vista sólo alcanza la apariencia
que tienes, blanca y muda, de la muerte.

He cerrado los ojos para verte
igual que Job, sentado en la paciencia,
a la orilla del mar de tu Presencia.

Como un perro que busca fijamente
el enigma en los ojos de su dueño,
te estoy mirando, Pan, hasta el empeño
que holle tu silencio trascendente.

¿Por qué no transfiguras tu presente
como un rayo de luz que rompe el sueño?
¿Por qué agazapado, tan pequeño,
dormido en esa forma recipiente?

Oh signo, Sacramento, poesía
del ansia contenida y del respeto
que estás, por no obligar, cautivo y quieto,
Dios mendigo, ofertando compañía.

Soy un verso de niño que confía
encontrar tu palabra en el soneto
que rime con la mía en lo secreto
y me haga realidad tu profecía.

Ahora, que presiento un no sé qué,
déjame una lámpara de fe,
déjame dos jirones de misterio.

Déjame que levante el cautiverio
que por mí tu esperanza ha inventado.

Libremente cautivo yo a tu lado,
déjame, donde pueda conocerte,
asomado en el cáliz de tu suerte.








Libro: Esperanzas
II. Territorio del silencio

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Confidencias

Cuando el silencio alto
cuando de Ti se aleja
cuando amanece un niño
cuando la tarde reza
cuando la vida acaba
cuando el cariño aprieta
cuando el dolor levanta
los ojos de la tierra
y en despojados nervios
de prisas y de penas
en el azul aprenden
que Alguien los contempla.

Es en tu territorio,
sin ruidos, sin defensas,
el alma que pregunta
desnuda tu presencia
tan silenciosamente,
porque el amor encuentra.

En oración insomne
mi alma sabe, juega
donde tu amor asoma
y en el envés desvela.

Callad, que va dormida
-su gozo en mi conciencia
como unas manos juntas,
calladas,...- la respuesta.

Bendito tu silencio
que estremece mi vena,
el pulso de este mármol
adivina el poema.








Libro: Esperanzas
II. Territorio del silencio

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Transparente

Yo, que andaba buscando por la aurora
estrellas de mirada sugerente,
sonrisas de la luz más inocente
que me hicieran presente a Dios ahora...

Y vi una señal, niña-señora,
tan clara como el agua de la fuente,
transparencia de Dios sencillamente
porque Él en su seno la elabora.

Mujer del alba, ópalo de cielo,
la luz hace visible la Hermosura
que vuela en el cristal de tu figura.

Sumergido en las olas de tu velo
es a Dios a quien veo, si te miro
con tus ojos de niña y me admiro.








Libro: Esperanzas
II. Territorio del silencio

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Contemplaciones

Saber estar..., mirando
en la paciente espera.
Saber mirar..., sentir
presente aunque no vea
el agua vulnerada
al ciervo en la ribera,
y hallar porque se imprime
la paz que da su huella.

Por un sólo segundo
de amor, la vida entera.

Qué bien se está aquí
sentado en la vereda
del tiempo y de los pinos
entre la fronda negra
bajo las alas verdes
y de las sombras frescas
en la quietud. El aire,
las flores y certezas
decoran el instante
que vienes y te dejas.

Qué lentamente Dios
regalas tu presencia.

Sentir que estás detrás
mirando, que me estrechas,
que sabes mis pecados
de pies a la cabeza,
qué gozos por delante,
los miedos que me acechan.
Saber que Tú me sabes
que soy ventana abierta
que Tú sigues mirando,
amándome, a la vera
de mi no poder verte,
Señor, en mi ceguera...

Aquellos que en la vida
rompimos la barrera
del silencio, y cruzamos
miradas en la eterna,
habremos de juntar
tras de la noche muerta
aquellas esperanzas
que fuimos,
Tú y yo,
en ésta.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

El tiempo del olvido

Se me cayó el vivir.
No sé por qué rincón se fue,
por qué descuido.

El peso de los años desgastaron
las ruedas y las vías...
El tiempo del olvido.

Se marcha el agua, se va dejándome
las manos,
horizontes sin sentido.

¿Dónde las promesas?
¿dónde Dios
metido?

Dime tu Nombre
y así saber quién soy
en desvarío.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Dime tu palabra

Dime tu palabra
que eternamente guardas
y eternamente mía
espera que pronuncies
sobre mí.

Dime tu palabra,
dibújala en mi arena
con tu luz,
que hoy la pueda ver
aquí.

Dime tu palabra
la única, la exacta
en mi huella,
la que siempre me valdrá
para ir a Ti.

Dime tu palabra
que sólo Tú te sabes
ésa que me deseas,
de júbilo o de pena,
y que sea así.

Dime tu palabra
la que me encadena
para siempre, donde
esta vida estrena
tu kairós sin fin.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Kairós

Fue en abril, al despertar el agua,
el azul y el verde sobresalto.
Como un escalofrío que de pronto
descendiera y dejara
herida la raíz.
Igual que de improviso una campana
llegando desde lejos
se adueña de la linfa
por dentro intensamente,
así me despertó.

Fue por su propio peso que salió
mi SÍ irrevocable,
dulce melodía.
Y fue que al mismo instante
la eternidad y el tiempo,
mi corazón y Dios,
el agua y la alegría.

Tras un blanco aplauso,
palomas descubrían
que todo era distinto
a la luz del día.
Era saber que sí,
en Él todo valía:
la pena, los inhóspitos
esfuerzos, las risas
del pasado, el sentido
entero de la vida.

Ya no importaba el cuánto,
ni el miedo, ni la edad.
Recién nacido
estrenando los olores y los ruidos,
en Dios impronunciable
y eternamente vivo.

Como un río, sentía
el gozo de vivir
saltando en la cascada de los años.
Las cosas, todas nuevas, confiaron
asomadas a mi orilla,
y en todas ellas Él
moviendo, mirando, durmiendo
en sus mejillas.

Desde entonces también mueren las horas,
los días y las flores.
Pero hay un algo santo, permanente
cuando envejecen las palabras
o los amigos se van;
un néctar de Dios, una verdad
preñada de belleza, donde exhala
su gozo cada ser,
y aprende su existencia.

Por una vez lo vi,
eternamente.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

La última palabra

Allá en la cumbre estás,
Omega,
como te vi al inicio.

Conmigo vas, te llevo
navegable,
Alfa, Dios mío.

Te he dado mi palabra,
toda,
yo mismo.

Porque creo, voy Contigo.
Y me llevas
en la fe de mi camino.

No digas más, lo sé.
Fue tu última palabra,
la única,
que una vez oí,
no más,
y a mi vivir le basta.

Cuando te lleguen, al fin,
todas las letras de mi vida
mi palabra habré cumplido.

Entonces,
si yo era una esperanza para Ti,
¡prométeme!
¡Dame tu palabra
por los siglos!








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Si vivir es esperar

Si vivir es esperar
y el esperar es sufrir
qué sufrimiento es vivir
por no acabar de alcanzar.
Morir, Señor, me has de dar,
resucitar, que es tu invento,
porque si muero te siento,
y al sentirte, sonreiré.
Sí, sonriendo me iré
adonde vivir intento.

Que vivo porque no vivo
ya que en el mundo no espero,
ni en el gozo del dinero
ni en el placer fugitivo.
Si sólo en Ti me concibo
¿qué hago aún en este puerto?
Porque no espero soy muerto,
ni sufro, ni tengo miedo,
¿ni siquiera amarte puedo?,
líbrame ya de este entuerto.

Me pediste una alianza:
te diera cuanto tenía
por dárteme, Vida mía;
¡no me queda ni esperanza!
Y es que con tanta mudanza
te he encontrado, Paradero;
¿a qué esperar si, certero,
mi Todo sé que te tengo?
Desde mi nada me vengo
por decirte que te quiero.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Presencia

Repitiendo tu Nombre
así me acuesto.
Repitiendo, repitiendo
en el tren del tiempo.
Repitiendo dirijo
mi pensamiento,
repitiendo te digo
que hoy te siento.
Repitiendo, repitiendo,
se me cierran los ojos,
respirando tu Nombre
en Ti me duermo.

Repitiendo tu Nombre
me despierto.
En cada paisaje
tu recuerdo.
En el niño que nace
y en el deceso,
en el gato y el ave
que me mira lento,
en la nube y el brillo
de tus espejos.
Todas las cosas
me van repitiendo
tu Nombre, Señor,
me lo van repitiendo.

En la alegría te oigo
y hasta en el sueño.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Oración última (o primera)

Ahora que se han ido
todas las lunas llenas
de ilusiones y vacíos,
que he visto sucederse
el arco iris de las hojas,
que conozco todo canto
del viento, de la lluvia y de las rosas,
que ya me sé el milagro
imprevisible de la vida,
que ya no espero nada.
Ahora
puedo decirte
que sólo Tú, Señor,
sorpresa interminable.

Estoy de vuelta, ves,
a punto de nacer,
ya sin latidos.
No existe otro momento
que éste, vertical, en el que estoy,
el punto exacto y quieto en tu mirada
en que te tengo.
Ahora,
que no existe el tictac
que corta el tiempo,
que estamos Tú y yo solos
sin prisas en la tierra
-como en el cielo-,
bajo esta rama fresca de la noche
donde sólo se mueve
el agua del pensamiento,
te digo que eres Tú
lo único que siento.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Huellas

Huellas de santo hieren. Son por dentro
leve susurro que aprieta la nieve
de la conciencia a pisarlas de nuevo.
No me dejas, mi Dios, indiferente.

Las huellas de tu amor, reliquia ardiendo,
caminan por mi arcilla y me encienden
mapas, itinerarios, sentimientos,
deseos de volar, la muerte allende.

¿Qué importa ya vivir, morir, si el viento
no borrará mi herida porque siempre
ella será la senda de tu encuentro?

El tiempo en tus pisadas se detiene
cuando mis pies trascienden el momento,
y eres Tú, que en mí te haces presente.








Libro: Esperanzas
III. El tiempo hallado

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2005

Tenía que decirte

Tenía que decirte
algo,
y no sabía.

Inesperadamente nacieron estos
versos
en oleadas que me diste.

Y tuve la osadía
de que alguien escuchase
el rumor de tu espera
en el remanso de un día.

Me sugeriste, y yo...
orilla confidente
tenía que decirte.