Juegos escondidos
Jesús Martínez García - Zaragoza 2002
Finalista Premio Fernando Rielo de Poesía Mística

Índice









Libro: Juegos escondidos
Al poeta

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Al poeta

Escondido autor que vas sembrando
en mares y en las flores
estrellas que sorprenden
pupilas asomadas en balcones
de las noches de los días.

Envías mensajes cifrados
porque sabes de almas
que leen miradas.
Qué instantáneo te capta
el anhelo dilatado en vigilia,
relámpagos de amor,
gracia huidiza.

Tú me sabes buscador
de fugaces estrellas.
Las lanzas ante mis ojos insomnes
para que se prendan,
y como a magos de oriente los llevas
a encontrar la palabra
exacta del poema.

¡Cómo me gozan tus versos!
¡Cómo me goza su silencio!
Te leo y me sorprendes
en trascendentes constelaciones
que revelan
al Poeta.








Libro: Juegos escondidos
I. De infancia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

El juego

Sólo tú puedes jugar, alma de niño,
el juego ancestral
de todos los padres que han sido:
siluetas escondidas por la casa
cortinas tras las sombras de las cosas
y los días.

Sólo tú puedes ganar
porque te fías
y buscas entre pistas
hurgando el corazón de los juguetes,
te asomas al bolsillo de lo eterno
y miras por debajo de la brisa.

Tus ojos de luna tapados
van delante,
tus manos alzadas ya llegan
a labios temblorosos.
Y se va,
y de nuevo se esconde tu Padre
cuando ibas a apresar el instante.

Esta vida es así,
un deseo,
un continuo buscarse.
Juego de Dios que late
en el preludio inasible,
que tan alto recreo
esquiva verse.

Noviazgo de la existencia espera
a que asome el amado.
Que morir es
encontrar para siempre.








Libro: Juegos escondidos
I. De infancia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Me hablan de Ti

Todo me hablaba de Ti.

El jilguero y el acebo
la cascada y el acanto
cada cosa con su acento
en el lugar de su encanto.

Nada ocurre sin causa.
Pero qué casualidad que
las criaturas llegaran
abarrotando el paisaje
para festejar a su santo.

¡Y era yo el invitado!

En mis piernas explotaban
cohetes de mil colores, saltamontes
celebrando mi presencia.

¿Quién eras
el que esencia de pino dejabas
en el aire?

Parecían aplaudir tu llegada.

Sentía en el viento un abrazo
que apretaba mis hombros.

Esperando tu voz inaudible
supe que era de gracia
tu mera existencia
tu pura mirada.

Y yo allí.

No hacía falta decir nada.
Que siempre el silencio fue estancia
de Dios en la tierra.

Y Tú, sabio lugareño omnisciente
eres de pocas palabras.

Palabras de amor
que no necesitan del habla.

Tu mirada era luz y me nombraba.

Iluminaba cada cosa
en aquella ladera.
Todas brillaban esmaltes
de puro gozo.

Yo las vi
y pensé que eran muy bellas.
Y ellas
me hablaban de tu voz creante.

¿Para qué me llevaste allí?
Tal vez para mostrarme
lo que para mí pintaste.
Verme disfrutar,
verme.

Para Ti
mi presencia
mi sorpresa
mi alabanza.

¡Qué hallazgo deslumbrante
descubrirme criatura
y Tú... mi Padre!








Libro: Juegos escondidos
I. De infancia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Presencia de Dios

Querido Dios, mi Padre.

Aquí estoy, tan lejos
y tan cerca.
Tú ya sabes
que sé que no estoy solo,
aunque a veces
esta escuela del universo
tan llena
parece vacía sin tu voz.

No estoy solo.

Cada mañana
cuando sale el sol
me siento orgulloso de que seas Tú
quien da la luz y despierta
a cada cosa.

Te noto alto en las cimas,
profundo cuando se calla el eco,
inmenso al asomarme al mar.

Te siento alegre en las ramas,
en el huracán poderoso,
y cuando llueve...
se me escapa una lágrima
de no sé qué nostalgia
porque Tú no estás.

Me llegó bien el canario
otra vez en la ventana
de mi cumpleaños.
Sabes que me gusta verlo,
y a Ti verme gozar.

Lo sé. Y por eso lloro,
porque me quieres
a pesar de mis olvidos,
de mi niñez,
de todo,
me quieres.

Me traen recuerdos de Ti
cada año la nieve,
la Navidad.
De cuando aquí me dejaste
para que aprendiera a ser hombre.
Me da pena, al cambiar de año,
no haber llegado aún
a casa.

A veces, cuando me duermo
sé que en mi frente reposa
tu mano que ilumina todo,
y no tengo miedo
porque Tú me ves.

Te alegran mis notas,
mi esfuerzo,
entonces tu sonrisa
me contenta más.

Eres aliento de mi vida,
caricia en mi tez cansada,
fuerza que por mi sangre
recorre mi alegría.

¡Cómo se goza mi alma
de saberte cerca!

Soy tu presencia.
Y yo...
algunas noches me olvido de rezar.

Ya ves, se me acaba el papel.
Papá, me acuerdo mucho de Ti.
Lo demás te lo diré
cuando vuelva.

No me despido,
¿cómo te voy a dejar, Dios
de mi vida?

Un beso a mamá.








Libro: Juegos escondidos
I. De infancia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Confianza

La niña
en el hombro de su padre,
dormida.

Sin amarres.
Los ojos cerrados.
Confía.

El aire,
la voz de su padre,
le guía.

La niña
sobre las olas
camina.








Libro: Juegos escondidos
I. De infancia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Renacer

Transitas por la inocencia de los campos
vistiendo a manos llenas a los lirios.
Tú pones colores de jilgueros en mañanas
de azules, trinos y alegrías.

Dicen que te vieron loco,
que gastas tinta y das la vida
perdiendo el tiempo
enamorado.

No duerme tu voz inmemorial, el viento
que entra cada noche en mi entresijo
ondeando en árboles banderas,
manos que claman significados
en sueños que envías para verte.

No me dejas dormir, mi Dios, jugando.
Amor que empuja estrellas
te mueves en mi sangre
y me despiertas
corrientes de entrega submarinas.

Jugando y jugando
a darme
enfermo de mí
todo gastaste.

De verte a Ti que -manos rotas
de pasión- llegaste a la locura,
provocas mi pregunta.

Sólo te guardaste la esperanza
de que yo en tu juego reclinara
mi cordura:
jugarme, como Tú, la vida entera.

Cheque en blanco a tu nombre,
estreno sin malicia
como luz de la tarde
donde puedas pasear.

No me obligas a quererte
y me lanzas cadenas de hermosura
para volar encuentros libremente.

Abandonado mi último eslabón,
desde mi nada
me siento en tu seno recogido;
Tú me conoces, Señor, ave anillada.

Y es así, en la locura,
en la vivencia
del Pobrecito de Asís,
donde saboreo tu presencia.

Transitas por mi alma pronunciando
tu mejor palabra,
Amor,
que en mí descansa.

Sin nada tener
más que a Ti.

Es locura de amor ya no vivir
viviendo.

Tú en mi lugar
recorres otra vez las tierras
que vas nombrando de nuevo en mis ojos.

Como águila real sobre las cosas,
como Tú
así las veo.

Esperaré hasta el milagro
en que loco de amor te viva el hombre
y vuelvas, Dios, a renacer
en todo el universo.








Libro: Juegos escondidos
II. De trascendencia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Inocencia perdida

¿No Le ves en la pureza
de la rosa ni en la sonrisa del crío?
¿No atisbas su presencia
cuando el alma se remansa,
o cuando baja una estrella
a las gotas del rocío?

¿Ni en la aldaba del dolor
tras de tu puerta escondido?

¡Ay! que sólo los que son como niños
pueden entrar en el juego
intangible
de la poesía de Dios.

* * *

No quieres buscar acordes
de luceros.
Tus ojos están cansados
para jugar.
Naciste viejo.

Me apena que no Le oigas,
que no puedas cantar conmigo,
porque no fuiste niño
a quien asombró
el sonido de las cosas.

Si conocieras la música
que inventó el amor
vendría la sonrisa a tu boca.

Me duele intuir que el cielo
eche en falta una nota,
tu irrepetible cariño.








Libro: Juegos escondidos
II. De trascendencia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Niño dormido

Si supieras mirar fuera de ti
lo bello.

Si supieras leer dentro de ti,
dentro.

Si aprendieras a escuchar en mis palabras
el eco que quiero dejar en tu corazón tierno.

Si supieras quién puso la luz en tus ojos,
descubrirías en mi mano el misterio.

Si supieras amar, y dejarte amar –te quiero–
podrías entender mi llanto
el bordado insistir de mi desvelo.

Recordarías quién eres, el olor de tu casa
y me dirías: ¡vuelvo!








Libro: Juegos escondidos
II. De trascendencia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Fuego despertador

Lástima del que no respire
trascendencia.
No ha nacido.

La ráfaga del dolor siempre llega
como invierno necesario
y recuerda junto al fuego
lo que no debió olvidarse.

Se inhala el hombre a sí mismo,
se angustia, se crece.
No deja nunca indiferente
cuando pasa,
cuando le pasa.

El fuego alumbra misterios,
preguntas,
cimientos.

¡Ah Fuego divino
que tiernamente atraviesas!
Llama que constante llamas
al alma
sobre el sentido.

Calor gestante
descongelas con los meses
apretados párpados
para que se abran
calientes
a la luz de la primavera.

Tú, Señor, recorres
mi fibra más íntima.
Amor que sostienes
centinela
mi ascua.

Bien sé que vivir
es respirar profundo,
permanente
y, desde lo alto
de Ti,
ir dejando amor,
estela eterna.








Libro: Juegos escondidos
II. De trascendencia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Necesito de Ti

Necesito de Ti
como del aire,
que si Tú, Dios, no fueras
hubiera de inventarte.

¿Pero cómo crearte, si no sé
pensar sin Ti? Nada puedo
en los límites de mi nada.

Necesito hacerme río
para adivinar la fuente;
convertirme en encina
para conocer el calor y el frío.

Necesito hacerme criatura
para llegarme a Ti.
Y respirarte, Dios,
para saberme hombre.

Necesito de Ti
como del aire,
que si Tú, Dios, no fueras
hubiera de inventarte.








Libro: Juegos escondidos
II. De trascendencia

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Al Cristo abstracto

Te taparon los ojos
y se fueron.
Te dejaron crucificado.

Te dejaron pintado
sin carne, sin velos, sin alma,
en arte abstracto.
No te veo.

A Ti
que eres lo más concreto,
aunque necesite encontrarte
en el arte de los velos.

Te dejaron pintado sin arte,
sin pintarte,
porque no te vieron.

Quiero mirarte,
grabar a fuego
tu cuerpo, de ojos lleno,
en mi carne.
Y no olvidarte.

Mírame, te lo ruego,
no te olvides de mis ojos
ni un instante.

Y no dejarme
cuando abandone estos velos.
Que yo dejar de mirarte no puedo,
que Tú mis ojos pintaste.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Fuente de la Salud

Fuente de la Salud en Sepúlveda,
hoy he vuelto a mirar el enigma
que dejaste en mi alma de niño.

Mis sentidos anhelaban
de la arena el origen de su danza
en el fondo del agua.
Sonriendo callaba el misterio
que todo manantial oculta en su seno.

¿Por qué no me hablaba?

A la trucha pregunté,
silenciosa era ida,
como ciervo invisible me olió
y hallé huellas huidizas.
Divino instinto que advierte
antes que yo.

¿Por qué me hiciste así, Dios,
minusválido?

¿Tan rápido vas, Señor?
¿Por qué juegas?
¿O es que la prisa la tengo yo
y no sé detener tu presencia?

No entendía nada
hasta que con los años
percibí
el detalle de su mano.

Sé que estás entre los instantes
escondido,
imperceptible a mi sentido.
Te presiento,
aroma de ternura
retenido en el tiempo.

Decidme dónde mirar,
para ver pasar a mi dueño.

No dejaré de buscar
en el fondo de mi estanque.
Espero.
Sé que al fin veré la Fuente
incesante que presiento.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Vocación

Había que estar allí.

En el lugar, en el momento
en que cae el rayo
que hiere hasta la raíz,
despierto.

¡Ay de quien parpadea
somnoliento los días
y se queda
sin verte en la ventanilla
del tren, único instante
que pasa, que era
el más trascendente
en la carrera de la vida!

La pereza todo lo pierde,
todo lo gasta,
nunca encuentra.

Yo sí te vi:
tu mirada sembrada en el aire
se adhirió a mi alma
suspendida
en acantilados de espera.

Sólo una palabra
preñada de mi existencia
necesitabas.
Salto afirmativo trapecista
abandonando agarres, mi tierra
en oscuridad.

Y fue tan decisivo el paso
que gané justo tu orilla
oyendo nuevo el nombre
que me habías dado.

¿Para qué quería yo regalos de libertad,
monedas que son las horas
si no Te tuviera?

Todo lo gasté en Ti
gozando mi mejor manera
de ser,
junto a tu lado.

Gracias porque mi vida
hoy
es ventana innumerable
de cuerdas
de instantes
de luces
de oportunidades.

Que yo no existiera
de no haberte encontrado,
Amor,
en el juego de la entrega.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Me llamas con dolor

Me llamas con dolor
cuando sufro.
Me quieres
ver ahí
en tu palabra
que desentraña lenta
la humanidad más profunda
y el gozo de tu entrega.

No juegas al capricho,
me diste la vida
porque esperas
de mis días
tu resurrección.

Tensas mi alma.
Dame, que no me rompa.

Me llevas a la playa de mis fuerzas
donde el placer retrocede
límite en que queda expuesta la fe.
Sólo me quedas Tú,
en silencio.
Y mi respuesta.

Asomado al acantilado,
sin tierra, sin cielo,
me resta un hilo de caridad.
Sé que no es castigo mi pena,
que Tú me ves tras la niebla
y tienes los brazos tendidos.

Sufriendo, la creación me enseñó
su clamor en carne abierta.
Doliente llegué a tu mano,
al respirar tu dolencia.

Sufriendo yo, sufriendo Tú,
latiendo de amor
dentro de mí
despertó el diapasón
la misma onda.
Inédita
que derriba torreones egoístas
recobra puentes clausurados
a la compasión y la ternura
y a mis manos posesivas
las cura.

Me llamas con dolor al verme herido.
Pero más hiere la superficialidad,
el olvido
de Ti.

Me pides que abra las puertas
de mis brazos a la humanidad,
en cruz.
Resucitado.

Contigo
mi dolor duele en tu costado.
Herido
sé que me quieres más.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Sublime juego

Inmensa simetría
peinada hermosamente por el viento,
campo de ardiente juego.

El céfiro agitaba mi curiosidad.

Parecían vivas las espigas
saludando con sus dedos a las nubes
carabelas que surcaban
promesas de nueva vida.

¡Y obraste el portento del pan!
Tú, que nos enseñas a trabajar
milagros, acariciaste la harina
en el arte de las llamas.

Yo me empinaba por verte
Panadero, en el arte de tus manos.
¿Dónde estabas?

Llegaste, Dios, como siempre
superando expectativas.
Sorprendente Artesano capaz
de despojar al pan de esencia,
de historia;
de darle muerte por vida.

Dime, Eucaristía, quién eres.

En un balcón sin agarres
en la pared de la nada,
sin geranios,
redondo de fe te abres,
infinito,
al asombro de mis labios.

Apuesta de nada o todo.

Sin espacio ni tiempo,
sólo Esencia esperando
cariño que te encuentre.

¡Cómo lates en la rosa!
¡Y más, mucho más. Todo
Tú en blanca cosa!

Eres, Dios escondido,
el vértice del juego
de las inefables presencias.

Verdadero Dios y hombre
pura presencia, ahí,
sin ropas.
Amor, Belleza,
Verdad desnuda.

Geometría inmensa
el campo del orbe responde
en bancos alineado
circular en acampadas,
vasos comunicantes
que beben
licor divino en sus copas.

Sublime juego de Dios
y del hombre en simetría.

Milagro del hombre,
pan trascendido
en la Vida.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

Éxtasis

Por él lo vendí todo y me lancé al mar.
Si tú, agua, me fallas...
me ahogo.
En vuelo aprendí a nadar
sin saber,
suspendido entre la tierra y el cielo.
¿O es el cielo este agua
que sabe azul, donde me muevo?

Los colores están en la rosa
y en los ojos que los roban.
Y cuando los traen...
van volando
como vencejos en lucha
con los brazos del paisaje.

Mientras me miras
voy por el aire.

¡Qué maravilla nadar
en el ala de los vientos
en el rizo del instante
eterno.
Y ver crear,
saberme hijo
al filo de tu mirada.

Desde que mi parcela vendí
quedé hipotecado en tus ojos.
Si parpadearas... ¡Si parpadearas
sería mi bancarrota!

No, no lo harás,
que estás pendiente de mí.

¿Cómo explicar dónde estoy
si abandoné toda parte?
Sólo sé
que cuando me miras
voy por el aire.








Libro: Juegos escondidos
III. De encuentro

Jesús Martínez García
Zaragoza, 2002
Finalista Premio Rielo

En otra luz

La luz es un gran velo
que permite las cosas
y oculta los Ojos
que por detrás las nombran.

Es de amor este juego
a la luz del día.
Sugerente,
escondido
en cristales de belleza.

En la noche oscura,
en el silencio quieto,
el alma aspira
en otra luz
Su secreto.

¡Ojos de Amor
encendidos
¡os he descubierto!!